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jueves, 14 de marzo de 2019



FACES  PROJECT

Elvira Carrasco






















Elvira Carrasco (1990) nace en una pequeña aldea de la provincia de Cuenca, España. Desde niña se encuentra abrumada por pinturas, esculturas, dibujos y libros que serán tan influyentes e importantes en su punto de partida como su propia investigación, a través de la cual descubre técnicas que años más tarde no dudará en emplear. Elvira nace como una niña curiosa, quien se da cuenta de que dibujar se convierte en una forma de salir de la realidad y se embarca en un mundo del que solo son partícipes ella, un lapicero y un papel. Admira a los grandes maestros y se deleita viendo sus obras tanto en exposiciones como en museos, algo que sin duda va a marcar la personalidad de esta niña, rodeada de un aura que le acompañará toda la vida.

Durante sus años académicos se centra en estudiar y sacar adelante sus asignaturas, dejando largos años de lado sus dotes artísticas. Estudia Historia del Arte en la Universidad de Valencia y, al terminar, consigue una beca para trabajar en la Stair Sainty Gallery de Londres. Fue durante su estancia en Londres cuando Elvira, inquieta por volver a hacer resurgir su creatividad, decide comprar su primera cámara de fotos, algo que llevaba deseando tener años atrás. Como un juego, empezó a utilizarla inmortalizando escenas de la ciudad de Londres, conoció a grafiteros a los que ella les hacía fotos mientras ellos pintaban y también creó algunos bodegones con frutas y verduras que encontraba por su barrio. Meses después de su descubrimiento, decide volver a España con el único objetivo de ser fotógrafa creativa.

Ya en España, y concretamente, en Valencia, monta un estudio en su salón, el cual le permitirá investigarse a sí misma y conocer sus propios límites. Es en esta época cuando descubre que el autorretrato es una gran forma de comunicarse, crea escenarios en los que ella es la protagonista y descubre que puede construir escenas fantásticas con muy pocos recursos. Su enorme creatividad le permite tener la mente activa y conseguir plasmar ideas que sin su cámara nunca podría materializar. Elvira siente que sigue jugando, que es libre.

Es uno de esos días en los que trabaja consigo misma cuando decide experimentar pintando su propio rostro con pintura. Como si fuera un milagro, descubre que acaba de inventar una nueva forma de comunicación con el espectador y que, la pintura sobre su rostro es el siguiente paso a explotar. Picasso decía “La inspiración te encuentra trabajando”, y así le ocurrió. Meses después de haber comprado su cámara, fue consciente de que el objetivo de todo ese proceso era descubrir el proyecto por el que hoy en día Elvira es conocida.


Así nace “Faces Project”, un proyecto innovador, rompedor y fresco, fruto de la constancia y de la creatividad, de la investigación y el azar. Su proyecto, es una propuesta de autorretrato artístico en la que se desarrolla el “Body Art”, término que define al uso del propio cuerpo como soporte artístico o lienzo. Los artistas investigan acerca de su propia imagen desde la Prehistoria, donde encontramos pinturas rupestres que representan manos humanas tanto en positivo como en negativo. También es de sobra conocido este tipo de pintura en tribus de África, Australia o Sudamérica, donde se pinta el rostro y el cuerpo con diferentes colores extraídos de minerales, vegetales o animales  para conseguir distintas tonalidades. Estas pinturas se emplean sobre todo para celebrar rituales ceremoniales, de caza, eventos, fiestas o simplemente representan un estatus social y, al igual que lo hacen estas tribus, Elvira también emplea sus manos y dedos para aplicar la pintura sobre el rostro y crear su propio ritual. Las formas que estas tribus utilizan suelen ser líneas, círculos o incluso representaciones de animales y cada tribu tiene una forma exclusiva de pintarse, cada color o dibujo que se representa, permite cambiar totalmente la identidad de la persona, algo parecido a lo que ocurre cuando Elvira cubre por completo su cara y se camufla ante nuestros ojos.

En definitiva, la técnica del “Body Art” se ha ido desarrollando a lo largo de la historia y fue muy importante alrededor de los años 60 en Europa, con referentes como Yves Klein, quien pintaba todo el cuerpo a sus modelos para después plasmarlo en grandes superficies que dejasen evidencia de estos cuerpos desnudos.

Elvira trabaja siempre sola, a espaldas de la humanidad. Se prepara y medita antes de proceder a pintarse, siente miedo y una gran energía recorre su cuerpo, energía que será el impulso necesario para producir la obra de una sola vez, sin dudar. Realiza bocetos, apunta colores que puedan encajar en su próxima obra y piensa cuál será la combinación perfecta. Tras el ritual de la pintura, aparece la fotografía. Para dejar constancia de este trabajo, que será efímero en su piel pero quedará grabado en su cámara, Elvira se coloca frente a una ventana, la cual será fuente de luz y nos dará el punto de referencia, la ubicación en la que ha sido realizada la fotografía. Las pupilas, y los ojos en general, nos aportan una gran cantidad de información, en ellas, podemos ver el reflejo de dicha ventana, a través de la cual se introduce la luz natural y, debido a esto, puede incluso variar el color de sus ojos azules según la luminosidad del día.


El término “pupila” proviene del latín y se traducía como “niña pequeña” o “muñeca”, debido a esto, se comenzó a llamar así a nuestra parte más oscura del ojo porque si una persona mira a otra muy cerca y se centra en lo que ve en su pupila, podrá encontrar el reflejo de sí misma, parecido, según los romanos, a una muñeca o niña. Otras culturas denominan a esta aparición o figura dentro de la pupila de diferentes maneras, sin embargo, todas han llegado a fijarse en este maravilloso detalle. Esta es la filosofía de la que parte nuestra artista, dentro de sus pupilas no solo vamos a encontrar el reflejo de una ventana por el cuál conoceremos la ubicación de la artista en el momento de realizar la fotografía, sino también (con suerte) el reflejo de la propia cámara de fotos, que para Elvira se convierte en la niña de la que hablaban nuestros antepasados. La ubicación es muy importante para la artista, ella reconoce cada una de las estancias en las que ha trabajado y, por supuesto, la trasladan a ese lugar y es ahí donde entra la importancia que para ella conlleva. Desde su primer ventanal desde el que se podían ver unas espectaculares vistas a la Alameda valenciana, pasando por la ventana en la que se ve el campanario de la magnífica iglesia de su pueblo conquense, hasta su estudio actual en Valencia, un ático desde el que cada día disfruta del cielo azul, las nubes y las estrellas. Aunque su rostro aparezca oculto por la pintura y sea una obra de arte en sí, a través de sus ojos se puede ver más allá, el espectador puede acercarse a sus sentimientos, y por tanto, a ella misma. Estos ojos son muy expresivos aunque el gesto de su cara permanezca hierático, ellos nos hablan sobre sensaciones y sentimientos por los que la artista atraviesa a la hora de realizar su obra.

En el caso de su proyecto nocturno “Faces Project Black”, en el reflejo de las pupilas aparecen diez bombillas, haciendo alusión a diez estados. Estos estados comprenden todos y cada uno de los sentimientos que una persona puede experimentar a lo largo de su vida o incluso de un día completo: sufrimiento, ira, rabia, dolor, felicidad, emoción, estrés, serenidad, tranquilidad o éxtasis. Algo que, de una forma metafórica, podría verse reflejado a través de sus ojos, como antes hemos explicado.

El autorretrato es una forma de autoconocimiento, numerosos artistas lo han utilizado a lo largo de la historia, siendo el ejercicio más complicado por el grado de conocimiento de uno mismo que esto conlleva. El término milenario “Conócete a ti mismo” del que nuestros ancestros griegos ya se preocupaban, es bien empleado por la artista, quien se empeña en conocerse y experimentar sobre sí misma en todos los aspectos. Algo imprescindible en el autorretrato es la representación de la psique, del alma humana. Se valora tanto la representación física de la persona como su carácter. Se comienzan a hacer autorretratos muy tempranamente en la historia, pero es en el Renacimiento cuando se dignifica la figura del artista y adquiere importancia su propio retrato. La forma de autorretrato evoluciona, se pasa de la representación del propio artista en la obra formando este parte de la escena y la multitud, como puede ser el caso de Rafael en “La Escuela de Atenas”, a autorretratos en los que el artista aparece solo y de manera exclusiva, atrayendo todo el protagonismo, como los autorretratos de Alberto Durero o Francisco de Goya.

Pero sin duda, si algo destaca en su obra es el color, impactante, saturado y explosivo. A Elvira le influyen sus raíces españolas y, por lo tanto, mediterráneas, donde el sol, la luz y el color están presentes. También se podrían observar matices de carácter latino por el uso de estas vibrantes tonalidades. Es durante el siglo XVIII cuando se estudian los efectos que producen los colores sobre la fisiología y psicología humana. En cuanto al significado de los colores, por todos es conocido que el rojo, por ejemplo, nos evoca pasión, amor y deseo, aunque para algunas tribus significa guerra o lucha. Los amarillos felicidad, alegría, sabiduría o muerte y el azul, paz, calma o tristeza entre otras emociones.

Las texturas que la artista genera en sus creaciones, dependen de la acuosidad de la pintura. Trabaja con colores más o menos líquidos para crear diferentes planos y se sumerge en el “Action Painting”, una corriente de abstracción pictórica que nace a finales de 1940 y cuyo máximo exponente será Jackson Pollock. Elvira le da importancia al uso de los colores y a su aplicación, generando movimiento según cómo se utilice la pintura. También le importa la velocidad a la que esta pintura es proyectada sobre su rostro, juega con el estudio previo del color y con el azar, lo cual hará que el resultado final sea siempre una sorpresa guiada por la energía que ella desprende. La artista utiliza técnicas como el dripping, frotados, empapados, explosiones de color que llenan su rostro con gran frenesí. En cada una de sus creaciones, se puede observar cómo la pintura está en diferentes planos, incluso, si queremos, podemos jugar a adivinar qué color se empleó primero y cuál después para obtener el resultado final. Elvira quiere que cuando el espectador se acerque a sus fotografías, con la textura de la pintura, sea capaz de intuir las tres dimensiones.
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En el caso de su proyecto nocturno “Faces Project Black”, en el reflejo de las pupilas aparecen diez bombillas, haciendo alusión a diez estados. Estos estados comprenden todos y cada uno de los sentimientos que una persona puede experimentar a lo largo de su vida o incluso de un día completo: sufrimiento, ira, rabia, dolor, felicidad, emoción, estrés, serenidad, tranquilidad o éxtasis. Algo que, de una forma metafórica, podría verse reflejado a través de sus ojos, como antes hemos explicado.

El autorretrato es una forma de autoconocimiento, numerosos artistas lo han utilizado a lo largo de la historia, siendo el ejercicio más complicado por el grado de conocimiento de uno mismo que esto conlleva. El término milenario “Conócete a ti mismo” del que nuestros ancestros griegos ya se preocupaban, es bien empleado por la artista, quien se empeña en conocerse y experimentar sobre sí misma en todos los aspectos. Algo imprescindible en el autorretrato es la representación de la psique, del alma humana. Se valora tanto la representación física de la persona como su carácter. Se comienzan a hacer autorretratos muy tempranamente en la historia, pero es en el Renacimiento cuando se dignifica la figura del artista y adquiere importancia su propio retrato. La forma de autorretrato evoluciona, se pasa de la representación del propio artista en la obra formando este parte de la escena y la multitud, como puede ser el caso de Rafael en “La Escuela de Atenas”, a autorretratos en los que el artista aparece solo y de manera exclusiva, atrayendo todo el protagonismo, como los autorretratos de Alberto Durero o Francisco de Goya.



Las texturas que la artista genera en sus creaciones, dependen de la acuosidad de la pintura. Trabaja con colores más o menos líquidos para crear diferentes planos y se sumerge en el “Action Painting”, una corriente de abstracción pictórica que nace a finales de 1940 y cuyo máximo exponente será Jackson Pollock. Elvira le da importancia al uso de los colores y a su aplicación, generando movimiento según cómo se utilice la pintura. También le importa la velocidad a la que esta pintura es proyectada sobre su rostro, juega con el estudio previo del color y con el azar, lo cual hará que el resultado final sea siempre una sorpresa guiada por la energía que ella desprende. La artista utiliza técnicas como el dripping, frotados, empapados, explosiones de color que llenan su rostro con gran frenesí. En cada una de sus creaciones, se puede observar cómo la pintura está en diferentes planos, incluso, si queremos, podemos jugar a adivinar qué color se empleó primero y cuál después para obtener el resultado final. Elvira quiere que cuando el espectador se acerque a sus fotografías, con la textura de la pintura, sea capaz de intuir las tres dimensiones.


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